De la Doctrina al Algoritmo: cuando el algoritmo decide qué política llega a cada votante
La carrera presidencial de 2025 ha difuminado los límites entre política y publicidad. Según el cientista político Cristóbal Llanca, la contienda dejó de ser un debate programático para transformarse en una competencia de branding, donde la figura de José Antonio Kast opera como un “producto electoral” adaptado a distintos segmentos. La estrategia republicana se sustenta en la micro-segmentación, modificando discurso, tono y estética según plataforma: en X, priman la confrontación y el orden; en
Redacción Punto9
Equipo editorial

De la Doctrina al Algoritmo: cuando el algoritmo decide qué política llega a cada votante.
Si revisamos la carrera presidencial de este 2025, es difícil distinguir dónde termina la política y dónde empieza el marketing. Ya no estamos ante una competencia de programas de gobierno, sino ante una guerra de branding. Y en este supermercado de emociones electorales, José Antonio Kast se ha consolidado como el producto mejor empaquetado de la estantería.
La campaña del líder republicano debe ser estudiada no solo desde la ciencia política, sino también desde la mercadotecnia. Kast ha dejado de ser un candidato para convertirse en una marca camaleónica, diseñada para satisfacer la demanda de un mercado ansioso y atemorizado.
El éxito de su estrategia radica en la micro-segmentación. Igual que las grandes corporaciones ajustan un producto según el consumidor, la “Marca Kast” ofrece versiones distintas de sí misma según la plataforma. En X (ex Twitter), el producto es Furia y Orden: confrontación ideológica dura para fidelizar al votante más radical. Pero basta cambiar a TikTok para encontrar un producto distinto: el “Tío Kast”, un personaje desideologizado que usa humor y estética de influencer para llegar a quienes no consumen noticias, pero sí tendencias.
Esta disociación no es casual; es diseño estratégico. Es la aplicación de la lógica de mercado a la esfera pública: identificar el “dolor del cliente” —la inseguridad y la crisis migratoria— y ofrecer una solución simple, rápida y vendible. Kast no promete procesos complejos: promete un servicio inmediato llamado “seguridad”, vendido con la misma lógica con la que una aseguradora ofrece una póliza contra incendios.
El peligro de esta transformación es evidente. Cuando la política se reduce a marketing, el debate desaparece. Los eslóganes reemplazan los argumentos y la viralidad se vuelve más valiosa que la gobernabilidad.
La campaña de 2025, finalmente, nos deja una pregunta incómoda: al entrar a la urna, ¿actuamos como ciudadanos eligiendo el destino del país o como consumidores validando la publicidad más eficiente? En el caso de Kast, esa línea divisoria se ha vuelto prácticamente invisible.
Cristóbal Llanca
Cientista Político
Diciembre, 2025
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